Se destruyeron las piedras que medían la posición del sol. Estaban junto al llamado torreón, única construcción semicircular entre las montañas que guardan los secretos. Para llegar allí hay que remontar la gran avenida, cuya condición cambia rápidamente al pasar las zonas de derrumbes. El guía de aguas, con suave movimiento de manos, indica dónde los árboles húmedos han sido talados para las construcciones de piedra reluciente en la corriente espumosa. Los mismos edificios forman una hilera ante los contrafuertes de una catedral a medio sumergir. Sus portales de granito vierten agua fuera de la selva, que se mantiene escurriendo magníficamente inmutable. En ese momento las necesidades elementales hacen estragos en la capacidad de asombro.